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Historia de la Masonería en México (8)

XVII. Al renunciar Arista, fue designado Presidente Interino, Juan Bautista Ceballos, masón del Rito Nacional Mexicano, sostenido por los Grales. Anaya y Blanco contra las maniobras que seguían gestándose en Jalisco para desconocerlo. El Congreso tuvo que concederle las facultades extraordinarias que había negado a Arista, pero no le fue posible contener las fuerzas de la oposición entre las cuales, como antes, aparecía la facción santanista a la que se afiliaron muchos conservadores y también muchos masones equivocados.

Ante esta situación el Congreso quiso anular las facultades etraordinarias del Presidente Ceballos; éste, en respuesta, disolvió ambas Cámaras de dicho Congreso; el alto mando del Rito Nacional Mexicano declaró suspendidos los trabajos de las Logias que se habían pronunciado en favor de Santa Anna; y se ordenó someter a juicio a los masones de esas Logias. En cambio, los masones fieles al gobierno y sus instituciones, muchos de los cuales eran Diputados, como León Guzmán y Francisco Olaguíbel, reprobaron la actitud del Presidente Ceballos, lo juzgaron masónicamente y no volvió a ser rehabilitado, aunque políticamente quedó reconocido como Presidente de la República, gracias a la fuerza militar con la que contaban los propios santanistas, particularmente en Jalisco.

A través de complicadas y pérfidas maniobras, una Junta de Notables nombrada por Ceballos, aceptó que se retirara y entregara la Presidencia al Gral. Manuel Ma. Lombardini, masón yorkino, quien el 20 de abril de 1853 la entregó a Santa Anna. El clero celebró un tedeum; y Melchor Ocampo renunció al gobierno de Michoacán.

La masonería mexicana quedó muy dividida. Sin embargo, dirigió a Santa Anna una petición concreta en el sentido de que destituyera del cargo de Jefe del Gabinete a Lucas Alamán, denigrador de Hidalgo y enemigo de las instituciones republicanas y liberales. Lejos de atender llamado alguno de los progresistas, Santa Anna afianzó su dictadura y emprendió la persecución de los masones que le fueron adictos. A esa persecución debe añadirse el destino de Melchor Ocampo y otros Hermanos. Asimismo amordazó a la prensa liberal, estrechó lazos con los obispados y quedó restablecida la Compañía de Jesús y la Orden de Guadalupe. Algunos de sus allegados fomentaban la idea de que México, para defenderse de los Estados Unidos, se constituyera en un protectorado de España; y otros proponían que al contrario, México se incorporara a los propios Estados Unidos. En fin, no bastando a Santa Anna los títulos de Capitán, General, Almirante y Generalísimo, se atribuyó el de Alteza Serenísima con un sueldo anual de $60,000.00

Benito Juárez, Santos Degollado y Miguel Alatriste, masones del Rito Nacional Mexicano, fueron remitidos a Jalapa, bajo estrecha vigilancia militar.

Contra todo esto se proclamó el Plan de Ayutla, encabezado por el Gral. Juan Alvarez y por Ignacio Comonfort, conforme al cual Santa Anna fue derrocado el 1o. de marzo de 1854 y una vez más salió del país, no sin dejar instrucciones para que se nombrara interinamente en su lugar al Gral. Martín Carrera, que en efecto, tomó posesión el 15 de agosto siguiente; pero convencido de que no era aceptado por el movimiento, renunció decorosamente y la Presidencia fue asumida el 1o. de septiembre por Rómulo Díaz Vega.

De la Historia de la Masonería en México, escrito por José María Mateos.
Resumen por Ma. Luisa Gómez S. y Celia C. de Atayde.

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